LAS VECES QUE SUFRÍ Y DISFRUTÉ UN STENDHAL

Soy una persona fácilmente emocionable; muchas cosas me ponen la carne de gallina, y me entran escalofríos de placer especialmente con la música, mas que con ningún otro arte.

El síndrome de Stendhal, tiene que ver con el goce descomunal, con el disfrute de la belleza de una manera desmedida; afecta a lo corporal y a lo psíquico con euforia, palpitaciones, sensación de flotar. No es algo que se elija. Lo que para cada uno es bello, no se puede agarrar, no es medible, no se puede fabricar y es variable para cada persona y momento. Es un chute, un subidón en el que nos vemos superados por la admiración desbordada.

En mi vida he sentido este raro efecto   en unas pocas ocasiones.

La primera y seguramente la mas potente fué en Meteora (Grecia). Todavía no tenía arte con la cámara y no hubiera sido capaz de sostenerla siquiera admirando esas piedras que parecían un perfecto escenario.

Pasaron unos años hasta mi primer viaje a Islandia; en Jokulsarlon, volví a tener esa sensación desmesurada entre bloques de hielo flotando por el lago.

En Namibia, fotografiando Kokerbooms un estado de agitación me sacudió de nuevo, entre árboles que parecieran pintados.

Tuvo que ser en Londres, donde me reencontré con el arte viendo los cuadros de Willian Turner. Sus atmósferas me hicieron entender lo que nunca seré capaz de captar con un cámara, y lo injusto que traté al arte en mi adolescencia.

Este año en Madrid, al saborear “El jardín de las delicias” de El Bosco tuve la sensación de que aquello era injustamente el principio y el fin de todo el arte, algo insuperable que necesita años de observación para extraerle el jugo. Me emociono de solo volver a recordarlo. Daría lo que tengo por saber, por entender  lo que tenía en la cabeza este hombre hace 500 años, por absorber una millonésima parte de su arte.

Las veces que he podido observar una salida de migración en la Laguna de Gallocanta, en ocasiones de mas de 100000 aves en un breve espacio de tiempo, también han generado este estado de agitación, de sedación del dolor. Una sensación incontrolable que te deja exhausto. El sonido ensordecedor aunado con el espectáculo visual y lo que significa la migración, suele generar un estado de “embriaguez” colectivo a los que son capaces de apreciarlo.

Como seres permeables, emociones con patas y dientes, espero que Stendhal nos sorprenda, nos inunde llegado ese momento en que la belleza sin saber porque, nos supere una vez mas.

 

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2 respuestas a LAS VECES QUE SUFRÍ Y DISFRUTÉ UN STENDHAL

  1. antonio real dijo:

    Hola Uge. Muchas veces he sentido esta sensación de que la belleza de la
    naturaleza me desborde.

    Gracias por tu publicación.

  2. Jesús dijo:

    Enhorabuena Uge, ¡cuanta belleza! , sí a mi también me ha sucedido lo del síndrome de Stendhal en muchas ocasiones, y es que es sorprendente cuanta belleza nos rodea en la naturaleza. Gracias de veras

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