La mejor cámara es la que llevas encima

Con frecuencia nuestra obsesión por la nueva tecnología y las prestaciones de nuestras cámaras nos hace olvidar un poco la razón de ser de la propia fotografía. Si una imagen de 32 megapíxeles no está perfectamente nítida cuando la ampliamos en nuestra pantalla de 24 pulgadas, la descartamos inmediatamente. Esa foto no sirve seguramente para imprimir una copia en gran formato, pero digitalmente se puede reducir en tamaño hasta conseguir una imagen lo bastante nítida como para mostrarse en una web o un blog, y que alguien la vea y reaccione a ella.

Con la cámara y los objetivos nos pasa algo parecido, se nos hace difícil dar el mismo valor a una imagen hecha con modelo reciente frente a otra de una cámara hace solo unos años atrás.

La imagen anterior pertenece a una serie de fotos que tengo colgadas en casa, en un tamaño de 12x12cm. Las hice con un móvil en un viaje a Noruega en 2015. No tienen la mejor nitidez ni gama de colores, pero creo que tienen un valor y que capturan algo de la esencia de ese viaje.

El título de este breve artículo no es mío, lo leí en algún libro de fotografía -no recuerdo de quién, tal vez de Galen Rowell o de John Shaw- y tal vez se refería al objetivo y no a la cámara. En cualquier caso, en mi opinión lo importante es el mensaje que hay en una imagen, y que ese mensaje puede existir aunque la imagen no venga de una cámara de última generación, ni de un objetivo de 3.000 euros, ni sea técnicamente perfecta, ni se pueda ver ampliada en copias de 90cm.

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Una respuesta a La mejor cámara es la que llevas encima

  1. Sabias palabras Jesús.
    Hay fotógrafos obsesionados con ls “cacharrería” y la definición todos su vida y se olvidan en intentar progresar en el contenido estético y simbólico de sus imágenes.
    No me imagino a un músico por ejemplo solamente preocupado en conseguir el mejor instrumento o como decía aquél a un escritor cambiando de pluma constantemente a la espera de que le llegue la inspiración.

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