Esperanza o resignación

Antecedentes

En la ciudad de Huelva, a escasos 200 metros del primer polígono industrial y 500 metros de la zona residencial más cercana, se sitúan unas balsas de fosfoyesos que ocupan unas 1.200 hectáreas y que se estima que alojen unas 120 millones de toneladas de residuos industriales, procedentes de la producción de fertilizantes químicos por la empresa Fertiberia.

El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) ha reconocido que las balsas se encuentran en dos de las seis zonas contaminadas por radioactividad en España. En concreto por Radio 226 en el caso de los fosfoyesos y por Cesio 137 en la zona aledaña de las Marismas de Mendaña, situadas en el estuario del río Tinto, justo antes de su confluencia con el río Odiel.

© 2020 Manuel Enrique González Carmona

Fui conocedor por primera vez de estas balsas de fosfoyesos de Huelva en el año 2007. Por esas fechas dirigía una obra en el polígono industrial “Marismas del Polvorín” de Huelva, distando apenas 600 metros de las balsas, estas se divisaban perfectamente desde la cubierta del edificio. Un año más tarde conocí a un vigilante de seguridad que controlaba el acceso a mi centro de trabajo en horario de mañana y, para cubrir el n.º de horas laborales estipuladas, algunas tardes a la semana trabajaba vigilando toda la zona de las balsas. Nunca olvidaré que me comentaba que nunca se bajaba del coche con el que controlaba esta zona y que la chapa estaba llena de agujeros, sin que yo llegara a entender muy bien a qué se debía esto.

Pues bien, pasaron algunos años hasta que de nuevo volví a ser consciente de este escenario gracias a una fotografía de Francisco Mingorance premiada en el National Geographic Photo Contest 2015, a través de ella denunciaba cómo estos vertidos tóxicos habían destruido la marisma del Tinto.

© 2020 Manuel Enrique González Carmona

De nuevo, hace unos meses, un amigo me envía una captura de pantalla de su móvil “en riguroso directo” donde reconozco en la fotografía la típica textura verde que había visto en fotos anteriores de estas balsas. En ese momento, me resultó curioso que el escenario prácticamente se mantiene igual al de aquella fotografía de Mingorance realizada 5 años atrás. Empiezo a investigar y descubro que en el año 2010 una sentencia de la Audiencia Nacional obliga a paralizar los vertidos y condena a la empresa Fertiveria a regenerar de forma inmediata toda la zona de marisma dañada (en total unas 1.200 hectáreas). Posteriormente una resolución del Tribunal Supremo confirmó esta sentencia en 2015.

En el momento de escribir estas líneas han transcurrido diez años desde esa sentencia, las balsas se encuentran en el mismo estado desde entonces pese a los diversos “toques de atención” de la Audiencia Nacional y las advertencias de la Comisión Europea en los últimos años. Se han realizado trámites ante la administración presentando un plan de restauración con el que el organismo competente en materia de Medio Ambiente de la administración autonómica andaluza no está de acuerdo. La empresa presenta una solución que consiste en el “encapsulamiento” de los vertidos mediante la aportación de un polímero plástico sobre la que se añadiría una capa de arcilla y otra de tierra cultivable que cubra los vertidos. La distintas administraciones abogan por la retirada de los vertidos.

En definitiva, todo parece indicar que la restauración de estas marismas se demorará algunos años más.

Detalle de la marisma junto a las balsas – © 2020 Manuel Enrique González Carmona

Reportaje fotográfico

Entrando en materia fotográfica el hecho es que todos estos antecedentes despiertan en mí las ganas de sobrevolar la zona después de entender que el lugar está abandonado y comprobar que no hay ninguna restricción al vuelo fotográfico con dron más allá de informarse sobre los horarios y días de vuelo de una sonda de la Agencia Estatal de Meteorología para no coincidir con ella.

A partir de aquí todo parece fácil, pero no, ahora llegan los dilemas morales. Sincera y honestamente ¿qué me mueve a mi a realizar fotografías en este espacio?, mi primera respuesta es clara “la búsqueda de imágenes creativas”. Siguiente dilema, ¿se puede considerar fotografía de naturaleza?, mirando google maps y viendo lo que rodea a estas balsas te das cuenta rápidamente que en su estado primitivo toda la zona afectada estaba constituido por marisma. ¡Perfecto entonces!, puedo plantear el reportaje fotográfico con un tinte de denuncia aportando un plus a mis imágenes.

© 2020 Manuel Enrique González Carmona

Tras este primer análisis rápido, sigo planteándome cuestiones, quiero ser lo más objetivo posible y me propongo un “juego”, voy a desdoblar mi personalidad, voy a interpretar dos papeles distintos:

  1. Ejerciendo el papel de un acérrimo defensor de sus principios que no le permiten aprovecharse de un gran perjuicio que se le ha ocasionado a la naturaleza. Con esta convicción podría pensar que con la toma de mis imágenes estaría beneficiándome del mismo acto que se critica.
  2. Ejerciendo el papel de un fotógrafo aficionado que ha adoptado la foto denuncia como su medio de expresión, aportando su granito de arena para despertar conciencias.

La realidad es que no me identifico con ninguna de las dos posturas, a día de hoy con mis imágenes siempre intento plasmar el motivo de la forma más estética posible, el sujeto en sí es lo de menos, sin que prime la especie o lo recóndito del lugar. Pero sí es verdad que después de cada charla que presencio de algún fotógrafo conservacionista me quedo un poco vacío al cuestionarme lo que aportan mis fotografías, planteadas como imágenes individuales y que lo máximo a lo que aspiran es a que algún espectador diga “es bonita”.

© 2020 Manuel Enrique González Carmona

Llegado a este punto, me planteo que quizás por una vez, aún sin ser un tema nuevo, puesto que ya ha sido tratado mediante foto-denuncia por varios fotógrafos, puedo realizar un reportaje fotográfico que ayude al menos a que esta catástrofe medioambiental siga presente en nuestras mentes.

Volviendo a la dos posturas planteadas anteriormente, al final llegas a la conclusión de que cualquiera de ellas es válida siempre que no ocasiones ningún daño. He de decir que yo disfruté del vuelo buscando las mejores texturas, encuadres, luces, abstracciones, intentando hacer cosas distintas a lo que ya había visto, en definitiva disfrutando de la enorme belleza fractal del lugar, eso sí, belleza que veía a través de la pantalla del móvil porque todo lo que me rodeaba eran escombros, botellas, papeles y un largo etcétera de desechos humanos. Por mucho que critiquemos este atentado medioambiental, perdemos fuerza si además contribuimos a la degradación de la zona con nuestros propios “vertidos”, aunque estos no sean radioactivos.

© 2020 Manuel Enrique González Carmona

Conclusiones

Como conclusión puedo decir que en el momento de realizar las fotografías conseguí abstraerme de la realidad que ha ocasionado un impacto ambiental y sanitario terrible, para centrarme en captar la belleza del lugar con sus formaciones y colores irreales y me gustaría pensar que mis fotos y mis palabras, aún no aportando nada nuevo, puedan servir para recordar los diez años de inoperancia de todas las partes implicadas (tanto empresa como administraciones).

No debemos olvidar que Huelva registra la tasa de mortalidad más alta en cáncer de pulmón en hombres y mama en mujeres, a la vez que, de forma general, los enfermos de cáncer de la provincia presentan la tasa de mortalidad más alta de la península.

Puestos a soñar, que ese recuerdo sirva para reactivar los trámites y acuerdos entre todas las partes que tengan como fin último el resultado más beneficioso para los ciudadanos que habitan cerca del entorno y la regeneración de la marisma robada al medio natural.

Esto nos debe servir de experiencia para no creer en aquellas actividades que se presentan como “temporales” durante 30 o 50 años con el compromiso de restauración de la zona afectada, puesto que rara vez termina siendo revertida a su estado original, dejando una huella de por vida.

© 2020 Manuel Enrique González Carmona

Sinceramente y en vista de los acontecimientos, no me muestro muy confiado con la voluntad por todas las partes de apostar por un correcto sostenimiento medioambiental. Sin ir más lejos, parece que no hemos aprendido nada de los últimos acontecimientos acaecidos con el Covid-19; hemos oído hasta la saciedad que de esta experiencia saldríamos más fuertes, nos haría mejores personas, estaríamos más en armonía con la naturaleza, escuchando lo que nos tiene que decir, y un sinfín de frases maravillosas. Pues bien, una de las primeras medidas que se han tomado en mi comunidad autónoma con el pretexto de paliar el daño económico ocasionado por el Covid ha sido la modificación del artículo 52.2 de la Ley 2/2007 de Ordenación Urbanística de Andalucía mediante Decreto Ley 15/2020 de 9 de junio, por el cual se flexibiliza aún más las actuaciones en Suelo No Urbanizable de Especial Protección, permitiendo todas aquellas actuaciones que no se contemplen como prohibidas en el planeamiento municipal y territorial vigentes, cuando la inmensa mayoría de dichos planes han sido redactados en otros tiempos con otras realidades y exigencias normativas distintas. Esto no hará más que facilitar prácticas que irán contra el sostenimiento medioambiental del territorio.

No parece que esto vaya en consonancia con “todo lo que hemos aprendido en los últimos meses”, al menos confiemos en que el “derecho al pataleo” no nos lo quiten nunca.

© 2020 Manuel Enrique González Carmona

Manuel Enrique González Carmona 2020

 

 

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5 respuestas a Esperanza o resignación

  1. Estimado amigo. Tu potente artículo es de obligada lectura y reflexión. Gracias por acercarnos a nuestra miseria desde el prisma de la belleza

  2. Manuel Enrique
    me interesa mucho el dilema que te planteas y me encanta como lo expresas.
    Grandes autores foto paisajistas se enfrentaron antes a dudas similares. Me he acordado de esta reflexión de uno de mis autores favoritos en cuestiones medioambientales Richard Misrach (paisajista,USA 1949): “He llegado a la conclusión de que la belleza es un transmisor muy potente de ideas difíciles. Implica a las personas en situaciones en que la gente miraría hacia otro lado”.
    O aquella otra de Simon Norfolk: “Si quiero hacerte pensar sobre el holocausto o Afganistán, primero te doy algo bonito. Te doy miel y te puedo atrapar. Y ya cuando te tengo dentro, puedo soltarte una hostia. Pero primero tengo que llamar la atención del espectador. Con la fotografía de paisaje podía hacer eso”.
    Y como no hay dos sin tres, te dejo otra de un célebre fotógrafo y teórico andaluz Jesús Micó:” no hay estética sin ética”. Que aunque creo que no es una frase suya, yo se la oí a él y viene a decir que toda imagen, aún la más inocente, tiene implicaciones éticas.
    El trabajo de Edward Burtynsky navega entre tus dudas y se le puede considerar el mayor difusor de los problemas medioambientales en el mundo.
    Enhorabuena Manuel por tus fotos y por tus dudas

  3. antonio real dijo:

    Nuestro pataleo se lo pasa el sistema por las narices, así que tenemos que apretarles mucho más las tuercas a esta gente.
    Un abrazo Manuel.

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