Con la cámara y los objetivos nos pasa algo parecido, se nos hace difícil dar el mismo valor a una imagen hecha con modelo reciente frente a otra de una cámara hace solo unos años atrás.
La imagen anterior pertenece a una serie de fotos que tengo colgadas en casa, en un tamaño de 12x12cm. Las hice con un móvil en un viaje a Noruega en 2015. No tienen la mejor nitidez ni gama de colores, pero creo que tienen un valor y que capturan algo de la esencia de ese viaje.
El título de este breve artículo no es mío, lo leí en algún libro de fotografía -no recuerdo de quién, tal vez de Galen Rowell o de John Shaw- y tal vez se refería al objetivo y no a la cámara. En cualquier caso, en mi opinión lo importante es el mensaje que hay en una imagen, y que ese mensaje puede existir aunque la imagen no venga de una cámara de última generación, ni de un objetivo de 3.000 euros, ni sea técnicamente perfecta, ni se pueda ver ampliada en copias de 90cm.
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