De colega de clase a inspiración

Cuando empiezas en este mundo de la fotografía, es como cuando empiezas a ir al colegio. Eres alguien, pero a su vez nadie, que en compañía de otros como tú, vas aprendiendo cosas según van pasando los años.

Los profesores, o vamos a decir centrándonos en el campo, los grandes fotógrafos, los que ya conocen la materia desde hace mucho tiempo, enseñan sus trabajos y se convierten en personas a las que algún día quieres alcanzar. Su conocimiento y sus resultados, por el momento inalcanzables, van marcando en ti un camino a seguir donde ensayo y error se convierten en algo cotidiano mientras vas hilando para alcanzar la meta.

Y miras al rededor y ves que, como tú, otros alumnos de clase, también se suben a lomos de ese caballo que intenta llevarte al destino marcado. Todos quieren aprender, y todos tropiezan (que no hay mejor aprendizaje que un tropiezo) mientras cabalgan, recaudando poco a poco conocimientos que irán agrandando su valía.

En aquél entonces, recuerdo a un compañero de clase, Obikani, que por el trabajo que mostraba, tenía marcado más o menos un camino similar al que yo quería seguir. Su fotografía, como la mía, mostraba paisajes que documentaban la riqueza del entorno que nos rodea. Un entorno rico por su diversidad y su belleza que facilitaba el bonito resultado de una foto.

Pero los años pasaban y los cursos eran cada vez más complejos. Algunos alumnos se quedaban en el camino, conformes con sus conocimientos y contentos con los resultados obtenidos, y otros, queriendo evolucionar más, indagaban y trabajaban más a fondo sus resultados, sin olvidar en ningún momento aquellas imágenes que, desde que comenzó a estudiar, le empujaron a querer llegar hasta la meta.

Esa evolución y ese querer mostrarse más a uno mismo, llevaron a Obikani a un grado superior. Dejó de ser ese aprendiz de primaria y se convirtió en InakiBo, ya más centrado en sí mismo y con un trabajo que ya empezaba a caracterizarle. Era ese compañero de clase que empezó a destacar por sí mismo y al que, por esa capacidad que mostraba, le empecé a tener cierta envidia (de la buena) ya que quise, en muchas ocasiones, poder llegar a hacer esas cositas que él hacía. Esas luces, esas composiciones, esa continuidad en el trabajo, estaban empezando a dar sus frutos. De hecho, esta foto que muestro a continuación la tomo a escasos cinco metros de mí. Una foto con una potente composición y una intención bien marcada que le llevó al reconocimiento en uno de los concursos de fotografía internacionales más famosos a nivel mundial, el Glanzlichter 2019.

Y como otras muchas cosas que pasan en la vida, a un vago estudiante como yo, me tocó repetir curso. Era la no constancia (o la imposibilidad de la misma) las que me llevaron a ello. Aún con esas, con los conocimientos que hasta entonces tenía recaudados, he seguido fotografiando siempre que he podido, mientras de reojo miraba a ese compañero de clase que, ahora en un grado superior fue acompañándome en mi camino.

Ahora es él, Iñaki Bolumburu, con nombre propio y sin motes, el que muestra unos trabajos que son envidiables por muchos de los que le rodean. Creo que se ha convertido en alguien que, como cuando empezamos a estudiar, tomamos como meta a alcanzar. Ya muestra trabajos de autor, con sello propio, muy bien elaborados y ejecutados que, para muchos aprendices, pero también para ese compañero de clase que ha seguido cada uno de sus pasos, se ha convertido en un gran referente.

Los que le conocéis sabéis de lo que hablo, de su evolución y de su trabajo.

Y los que no le conocéis…

http://www.inakibolumburu.com

 

 

 

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2 respuestas a De colega de clase a inspiración

  1. Fernan Eredita dijo:

    El gran Iñaki, no me he podido resistir por las bellezas que nos presenta a ser un fiel seguidor suyo. Es todo inspiracion y cada dia me sorprende mas. Gracias Iker, por presentarlo asi .Un gran trabajajo de investigacion del que al mirar sus trabajos te quedas enganchado. Gracias Iñaki por darnos tanto

  2. Mi admiración a ambos.

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