Una foto chula

EIGG vermell PortfolioHace poco, hablando con un amigo me pidió una foto “de esas tan chulas” que haces para colgar en una pared “libre”.

En ese momento, me vino a la cabeza un Tsunami de emociones, pues durante los últimos tres años he sufrido (junto con Pere Soler) o vivido según como se mire, muchas situaciones que ahora cuando nos juntamos las recuerdo como anécdotas graciosas pero que en su momento me creó tensión, miedo, cansancio, dolor, sorpresa, enfermedad…

Así podría decir que íbamos charlando tranquilamente en el tren cremallera hacia Gornengrad (para admirar el monte Cervino) y cuando el tren ya empezaba a cerrar puertas en una estación intermedia para reanudar la marcha vimos nuestras maletas en el andén y salimos corriendo a buscarlas justo para no perder el tren (el revisor pensó que pertenecían a un grupo de excursionistas y las bajo junto con otras), no sé yo que hubiese pasado si las perdemos…

O como perdí el billete de avión cuando vigilaba las mochilas fotográficas que salían del escáner del aeropuerto de Pere Soler y Viçens Gimeno mientras a ellos los estaban cacheando minuciosamente…

O cuando llegamos a un pequeño B&B de Escocia dónde para ducharnos nos teníamos que poner de rodillas pues el baño estaba situado en un lateral de la buhardilla…

O cuando en medio del lago Baikal, debajo de nuestras piernas, se rompió el hielo formándose una grieta donde salía el agua y nos acojonamos vivos…

O visitar tres días seguidos la zona de Glencoe, en las Highlands Escocesas, pues teníamos esa fotografía en mente desde hacía un año cuando pasamos por allí y no pudimos parar pues teníamos el tiempo justo para llegar al aeropuerto y esperar en el coche horas y horas para hacer una fotografía y no poder hacerla por culpa de la incesante lluvia y viento…

O cuando pasé frío en Garajonay, La Gomera, Islas Canarias, donde los cinco días que pasamos estábamos de media a cinco grados, con viento realmente fuerte con lo que la sensación térmica era de menos grados y lloviendo casi continuamente… Además de estar medio griposo…

O cuando en el reciente viaje a Stromboli, de los tres días previstos, tuvimos que ampliar a cinco descartando otros lugares previstos, y de los cinco intentos subiendo al volcán y esperando muchas horas (una media de 6 horas) entre viento, lluvia, niebla y al final bajar andando las dos horas de trayecto hasta el hotel, de noche cerrada sin haber sacado ni tan siquiera la cámara…

Y muchas más que podría contar… Así que, cuando me piden una fotografía de “esas chulas” pienso en el esfuerzo que hay detrás para realizar esa fotografía, ya sea económico, de tiempo, de esfuerzo físico…

No todos están dispuestos a “sufrir” o “vivir” estas situaciones para hacer una fotografía pero para mi es lo más importante, las “aventuras” vividas para conseguir esa foto, para mi es el valor de esa fotografía, sea buenas, malas, premiadas en un concurso o tengan muchos likes.

Y no os cuento lo que pienso cuando me dicen, aquí hay photoshop no?

Groenlandia

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No son muchas las ocasiones en las que te sientes completamente perdido en medio de la naturaleza. No es tan fácil llegar a un sitio en el que de verdad estás completamente fuera de la civilización, aislado y viendo el mundo el mundo tal y como sería hace un millón de años, sin la intervención del ser humano.

Hace un par de semanas tuve la suerte de acompañar a un grupo de inuits en una de sus salidas en busca de alimento por el mar helado. Estábamos en un fiordo congelado en algún lugar de la costa este de Groenlandia, entre Kulusuk y Sermiligaq, dos poblaciones que aun viven de manera tradicional y que no superan el centenar de habitantes. Salimos con el trineo de perros de  por el hielo y pasábamos las noches en unas cabañas que los cazadores habían construido en puntos estratégicos o acampando en la nieve. Por el día íbamos con los trineos buscando respiraderos de focas o soltando anzuelos para pescar Halibuts, pero yo me quedaba con algunas localizaciones para volver después, al atardecer o por la noche, en busca de auroras boreales. Estas localizaciones tenían que estar a menos de 500 metros de distancia del campamento, debido al hielo inestable y a la posibilidad de encontrar osos polares en los alrededores. Nunca debíamos estar solos, yo tenía la suerte de contar con la compañía de Fede, otro fotógrafo ávido de llenar su tarjeta de memoria. A mediados de abril, tan cerca del círculo polar ártico, no se llega a hacer de noche del todo y con luna llena había demasiada luz como para que se viera una aurora de intensidad media con total claridad, pero el desierto de hielo coge un ambiente mágico. Estar subido en un iceberg varado en el mar congelado, escuchando el crujido del hielo al moverse por la corriente y pendiente de la posible aparición de osos libera mucha adrenalina, es uno de estos lugares donde cuentan más las sensaciones que la imagen final, pero es desde luego una historia que me apetecía compartir con otros amantes de la naturaleza en estado puro.

Volver

No hablamos de la película de Almodóvar ni del clásico tango de Carlos Gardel. Me refiero a volver a esos lugares en los que ya hemos estado porque si lo pensamos bien, realmente no hemos estado del todo.

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1. Noviembre en los Dolomitas italianos. Colfosco, valle de Alta Badia

La simplificación forma parte de la forma en que percibimos nuestro mundo y cómo nos relacionarnos con él y tomamos decisiones todos los días. Si estuvimos un fin de semana en París con un tiempo estupendo, cuando alguien nos diga que en París llueve la mayor parte del año, pensaremos “pues yo estuve un fin de semana y me hizo sol todo el tiempo”. Como si eso bastara para cambiar la estadística. Valoramos más la experiencia personal o lo que nos cuenta el vecino que los hechos.

Y es un hecho que un viaje fotográfico, aunque sea de varias semanas, solamente permite rascar un poco en la superficie. Por lo general no permanecemos más de unos pocos días en el mismo lugar, y nos puede el ansia de ver más y la esperanza de que lo que hay detrás de la siguiente curva en la carretera es mejor que lo que tenemos delante. Si a esto unimos la simplificación antes comentada, podemos pensar que si hemos pasado por un lugar ya lo conocemos y conocemos todas las posibilidades fotográficas que tiene.

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2. Noviembre en los Dolomitas italianos. Colfosco, valle de Alta Badia

¿Para qué volver a esa playa escocesa si ya estuvimos aquella vez, y nos trajimos un par de buenas fotos? Pues porque si volvemos una segunda vez la luz y el cielo serán tal vez diferentes, habrá una marea distinta y nuestra disposición y motivación también habrán cambiado. Como ya hicimos las fotos obvias la primera vez, buscaremos algo distinto y más personal. Cuando volvamos la tercera vez miraremos en el mapa y descubriremos un sendero al final de la playa que nos lleva a una laguna tras aquella colina. La cuarta vez nos toparemos con otro fotógrafo que nos va a contar que en bajamar se forman esos árboles en la arena o que a cierta hora el sol incide iluminando de un modo especial la espuma de las olas que rompen en esas rocas. Y para eso tendremos que volver una quinta o una sexta vez.

Cuanto más viaja uno, más descubre lo pequeño que es el trozo de mundo de conoce. Cuando además descubrimos que cada lugar es a la vez muchos lugares, el planeta se nos hace infinito.

Buscar lo que antes evitabas

En fotografía, y en la vida en general, el camino del aprendizaje tiene sus vaivenes. Cuando crees haber descubierto una “verdad” o algo que parece servirte, tardas poco tiempo en ver que no hay verdades absolutas. Esta “inestabilidad” del pensamiento y de la búsqueda, hace que podamos volver atrás y elegir de nuevo un camino abandonado.

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Con estas fotos tomadas en Santoña me han venido a la memoria mis inicios fotográficos. Eran días de fotografiar aves principalmente y de llevar la camara colgada al cuello permanentemente.

Durante unos años disparaba en modo de prioridad a la abertura. Me ocurria un “error” bastante común. La medición de la camara solía ponerla siempre en el punto central . Dependiendo  de la  cercanía del animal  a la cámara y del tono mas claro o mas oscuro donde incidiera la medición, la cámara calculaba la velocidad. Con esa configuración era muy habitual que las fotos salieran ligeramente oscuras o muy quemadas. Cuando esto ocurría, desechaba muchas fotos por demasiada luz y otras por todo lo contrario y con frecuencia “perdía” los mejores momentos.

Santoña_7711Los años te hacen por suerte desaprender. Explorar esos caminos, las cosas que queremos evitar, pensar qué pasa si deseamos aquello a lo que tenemos miedo es algo que me ayudó mucho en formación como terapeuta gestalt. Aplicado a la fotografía se traduce en transitar por lo que la mayoría evitamos cuando aplicamos normas aprendidas.

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Hoy día que ya expongo en manual busco cosas tan evidentes como claves altas o bajas; lo que antes me salía de “casualidad” y lo evitaba, hoy es un camino. La búsqueda de una exposición no tan “perfecta”. Lo mismo pasa con el foco, el movimiento, la parte enfocada, el lugar donde el animal debe colocarse en la composición, las horas de buenas luces etc…

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Sólo aprendiendo de lo que no sabemos caminaremos hacia algo diferente.

El Estilo: mi más fiel aliado, mi enemigo más cruel

Todos hemos pensado alguna vez en esa palabra como una reliquia hacia nuestra obra, un tesoro que tarde o temprano buscaremos. A todos nos gustaría que nos etiquetaran con un estilo propio, porque es como si hubiésemos alcanzado la cima, el fin del aprendizaje, ese sello que llevarán nuestras fotografías fácilmente reconocibles por el espectador.

Es una palabra corta, bonita y glamurosa…pero a la vez es una palabra demasiado profunda, con un bagaje lento, largo y con obstáculos.

El Estilo ha sido mi más fiel aliado, pero también mi enemigo más cruel. Aunque ya hicimos las paces… seguimos en guerra!!!.

Siempre ha estado presente en mi cabeza de una forma obsesiva y cruel a la hora de disparar, pero no con balas, sino con imágenes.

Quizás un proceso demasiado consciente para no alcanzarlo.

En esa búsqueda, me preguntaba:

¿blanco y negro o Color?

¿Paisaje o Fauna?

¿Realismo o Abstracción?

¿Minimalismo o Caos?

¿Fuerza o Delicadeza?

Cualquiera de mis respuestas me acercaban al enemigo, me acercaban a mi prisión…

Me daba cuenta que buscando de una forma consciente un estilo me perdía demasiadas cosas del mundo natural. De alguna manera ese enemigo encarcelaba a mi imaginación…

Creía que el estilo era permanecer en un bando o en otro, pero el enemigo siempre estaba allí.

Cinco años fotografiando Aves y demasiados recuerdos aniquilados por el enemigo. Ocho años fotografiando la naturaleza de una manera objetiva y fiel… la subjetividad quedó presa también por el enemigo.

Estoy cansado de soñar con el Estilo,

De pensar en el Estilo,

De convivir con el Estilo….

Hoy día, la abstracción es mi musa, pero no es el fin… hay que seguir batallando con otras armas, en distintos escenarios, pero siempre con Pasión… para no perder la batalla; la batalla de mis Pensamientos, de mis Ilusiones, de mi Curiosidad…

Sin duda, ésta es la bandera que más me ha acercado a mi enemigo, ofreciéndome incluso su mano, convirtiéndose en mi más fiel aliado…

La bandera de la reflexión…

“No es suficiente que el escritor sea dueño de su Estilo.

Es importante que el Estilo sea Dueño de las cosas…”

                                                           GIACOMO LEOPARDI

_MG_9697_HIRESNo sé si tengo un Estilo,

Ni lo quiero saber…

Estoy cansado de guerras y guerrilleros, de enemigos y aliados…

Solo quiero ser… Libre!!!… A través del papel fotosensible de mi Imaginación…

Desde el cielo… ¿por qué no?

Esta es mi primera publicación en el blog de Portfolio Natural y la quiero dedicar a una de las modalidades de la fotografía de Naturaleza que mas me apasionan, la aérea.

No es ni mejor ni peor que otras disciplinas pero si requiere de cierta técnica e implica un riesgo, controlado pero existente que en la mayoría de las otras no esta presente.

Voy a explicar en dos bloques estas afirmaciones, primero sobre la técnica y después sobre el riesgo.

Cuando empecé en serio en la fotografía de Naturaleza ya había volado, fue primero la gallina que el huevo en esta ocasión y lo había hecho en avión, helicóptero y globo aunque solo pude inmortalizar algunos momentos desde este último medio y con una cámara compacta digital de las primeras que aparecieron, con poca calidad óptica y muy limitada técnicamente pero me sirvió para tener un primer contacto con lo que después seria una gran pasión.Captura de pantalla 2015-11-21 a les 13.53.11Cuando preparo una sesión, lo primero que debo tener claro es dónde quiero volar y qué resultados busco, esto determinará el equipo que cargaré y el medio de transporte que tendré que buscar, normalmente una avioneta por precio y maniobrabilidad pero nunca es descartable un ultraligero si no hay disponibilidad de avionetas en los aeródromos cercanos, incluso un globo puede valer, aunque este es muy limitado para la fotografía ya que depende de vientos, térmicas y no es muy aconsejable si volamos cerca del mar ya que seria de difícil rescate en caso de que las condiciones atmosféricas no fueran muy favorables.

El equipo suele constar de cámara reflex y dos objetivos, un 24-70mm y un tele corto como un 70-200mm, dos tarjetas de memoria de alta velocidad, una batería adicional y un filtro polarizador si vamos a volar en zonas donde pueda haber la posibilidad de reflejos provocados por el agua como deltas, marismas o rios.

A partir de este momento ya estamos en condiciones de poder iniciar la sesión, dependiendo de si hay sujetos móviles suelo utilizar el disparo en ráfaga y el modo de enfoque en AI Servo, de ahí que lleve siempre una segunda batería ya que esta configuración las devora literalmente.

También es imprescindible disponer de mucha luz para poder disparar con una velocidad suficiente para evitar trepidaciones, fallo muy común en los que vuelan por primera vez ya que no es lo mismo estar pie a tierra que estar disparando a unos 120 kms/h mínimo y que objetivo y cámara tenga que vencer la resistencia aerodinámica ya que sobresaldrán de la cabina con la complicación adicional que esto conlleva pero que garantiza una calidad óptima ya que no habrá cristal que pueda restar nitidez o distorsionar nuestra fotografía final.

Un dato importante es saber si nuestro cuerpo esta preparado para lo que va a venir ya que las pequeñas avionetas, las mejores para fotografía aérea, se mueven mucho y son proclives a “sufrir” cambios en trayectoria y altitud provocados por las térmicas y el viento. Esto que parece obvio no lo es tanto y no todos reaccionamos de la misma forma a los fenómenos antes descritos, algo que puede provocar que en vez de disfrutar de esa sesión, la suframos…

avioneta (1 de 1)Y finalmente uno de los ingredientes mas importantes, el piloto, de él va a depender en gran medida el éxito o el fracaso de nuestra salida, de como maneje el aparato, de las horas de vuelo que lleve, del conocimiento de la zona que tenga, etc sino recordad que uno de los mitos de la Fotografía de Naturaleza, Galen Rowell, falleció posiblemente por culpa de un piloto que apenas llevaba 50 horas de vuelo acumuladas…

Waldeinsamkeit

Waldeinsamkeit es una palabra alemana que resume en un solo vocablo el sentimiento de estar solo en el bosque y conectado con la naturaleza. Sin duda alguna, ese sentimiento que echaría en falta Hermann Hesse, a través de su personaje del “lobo estepario” Harry Haller, quién a diferencia del hombre común y como buen lobo solitario, quiere vivir a su manera, con espacio para la individualidad. Lucha por no contaminarse con el tipo de vida que lleva el resto de las personas absorbidas por el ir y venir de las masas. Sin embargo, este lobo de las estepas, compuesto de una naturaleza humana y otra salvaje, no puede resistirse a la socialización, aunque termina por volver a su soledad infinita. Son tiempos donde la socialización de la fotografía lleva en muchos casos a que sea más importante ver quién la tiene más grande (la cámara digo) y que se vaya perdiendo la capacidad del fotógrafo de naturaleza de embeberse en el paisaje, perdiendo el Waldeinsamkeit, perdiéndose uno de los pilares fundamentales de la esencia de la buena fotografía…

Socializar las fotografías y los momentos fotográficos no es mejor o peor. No se es más o menos por tener más votos, amigos digitales, por compartir más o menos momentos con otros y hablar más o menos mientras se hace una fotografía, pero a veces hay un exceso de flujo de información, y una perdida de momentos íntimos con la naturaleza… Es normal que algún que otro lobo (y loba) estepario hayan optado silenciosamente por emprender su camino por la estepa hasta encontrar su particular waldeinsamkeit fotográfico… y los que tenemos también parte de naturaleza salvaje les miramos caminar por la estepa no sin cierta envidia… y con mucha admiración…

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Endemismos

La fotografía de naturaleza de autor, o con vocación de serlo, tiene dificultades en su reconocimiento por parte de nuestro entorno. Galerías, exposiciones, museos, festivales de fotografía o muestras anuales no acaban de incorporar esta disciplina entre sus intereses por mucho que transmita creatividad e innovación en las ideas: Pictóricas, abstractas, conceptuales,…

Como será que muchos de los fotógrafos con esta vocación, entre los que me incluyo, bebemos de las fuentes clásicas de la naturaleza de fotografía que posteriormente han tenido impacto internacional, siendo considerados sus protagonistas como ilustres “artistas” de la imagen y valorando la calidad de su trabajo al más alto nivel artístico.

Referentes como Ansel Adams, Charles Cramer, Christopher Burkett, Bruce Barnbaum, John Sexton, Lyn Radeka, Gallen Rowell, o los más actuales Art Wolfe, Cole Thomson, Jim Branderburg, Joe Cornish, Michael Fatali, Michael Levin, Shinzo Maeda, Michael Kenna, el mismo Sebastiao Salgado o Nick Brandt, por destacar una breve selección, han marcado las pautas y tendencias de la fotografía artística de naturaleza, sobre todo en su vertiente más paisajista, siendo considerados iconos de referencia en los círculos internacionales gracias a los cuales se ha ido creando una cultura que valora a la fotografía de naturaleza con la misma consideración que otras disciplinas artísticas.

Los circuitos, festivales, circuitos editoriales, galerías de arte, propias del autor o especializadas en fotografía de naturaleza de autor y presentes en los circuitos comerciales al más alto nivel, que mantienen su éxito y sostenibilidad del sector pues, este es reconocido como tal por una sociedad que hace tiempo incorporó a esta disciplinas en su bagaje cultural, se prodigan en culturas anglosajonas como en Estados Unidos, y aunque en menor medida, también en el Reino Unido. Otros países europeos como Alemania o Francia incorporan esta disciplina en sus círculos artísticos de reconocida calidad.

Prueba de este valor son las cotizaciones de las copias en edición limitada, que bien pueden oscilar entre los 1.000 y 2.000 $ alcanzando en algunos casos los 10.000 $ en los círculos comerciales, y no me refiero a la obra de Ansel Adams en particular.

Pero ¿Qué ocurre cuando nos referimos a nuestro propio mercado?

Parece que la fotografía de naturaleza de autor aún no es valorada en los circuitos artísticos de nuestro entorno. Frecuentemente escuchamos expresiones del tipo: Ah, fotografía de naturaleza…nosotros no exponemos o vendemos esta disciplina, o en el mejor de los casos: Si corréis con todos los costes de transporte, seguro, montaje, etc. Tal vez podríamos verlo, o frente a un proyecto editorial de fotografía de naturaleza, la respuesta más frecuente es: Hombre si hacéis una guía de itinerarios, aunque fueran fotográficos, tal vez, pero fotografía de autor…, no lo vemos. No digamos cuando se trata de hablar de cuestiones financieras, en supuestos improbables de valoración interesada de nuestro trabajo: Si aportáis la financiación estaremos encantados, en caso contrario no podemos embarcarnos en el proyecto y correr el riesgo económico que comporta, no es seguro tal y como está el mercado.

Las consecuencias las conocemos todos y acaban siempre traduciéndose en un escenario que podemos considerar endémico. Mostramos y observamos fotografía de naturaleza de calidad en circuitos dedicados únicamente a la fotografía de naturaleza: Festivales, concursos, asociaciones, revistas, a las que hay que agradecer la labor de difusión en la que se esfuerzan, pero que no acaba de trascender esas barreras endémicas a las que me refería. Capítulo aparte son algunos ejemplos que podemos encontrar de foros y redes sociales, y la autocomplacencia que muchas veces observamos en ellos.

Aun así, estas líneas no pretenden ser una crítica a la realidad que vivimos en el sector, en la que por los argumentos comentados, nos vemos todos abocados a participar si queremos dar a conocer nuestro trabajo e intentar ir creciendo sobre esta base.

Esta entrada tan solo pretende invitar a una reflexión sobre una realidad ya conocida en la que unos cuantos, entre los que me incluyo, nos negamos a acomodar, tomar perspectiva sobre esta reflexión y tal vez empezarnos a mover también en otra dirección.

Creo que el reto a medio plazo quizás no sea tanto respecto a la calidad y tendencias de nuestro trabajo fotográfico, que también, pues siempre podemos mejorar, sino a un salto cualitativo en cuanto a visibilidad y difusión a otros círculos artísticos, y por ende en la sociedad, en los que poco a poco ir consiguiendo una valoración y reconocimiento de nuestra disciplina fotográfica, la búsqueda de la fotografía de naturaleza de autor.

Por ello, me siento orgulloso de pertenecer a este colectivo, Portfolio Natural, pues desde que intenté por primera vez ser admitido hace ocho años hasta ahora que tengo el orgullo de actuar como su coordinador, creo sinceramente que tiene clara esta dirección, y pone todo su empreño en avanzar en ella.

Y eso, …, eso hace diferente a este colectivo.

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Lo que puedo ser y lo que no

Estaba haciendo varios reportajes con mi compañera Kris Ubach por el centro sur de EEUU, en la parte de Nuevo México. Llevábamos varios años pensando en este viaje y teníamos unas cuantas localizaciones fetiche que queríamos explorar. Apuesto a que el 99% de los fotógrafos amantes de la naturaleza tienen debilidad por los desiertos. Pues resulta que muy cerca de la frontera con México, en Alamogordo, se encuentra uno de estos lugares mágicos que encierran los EEUU, el White Sands National Monument. Este pequeño paraíso es precisamente esto, un desierto de arena blanca, con sus dunas y sus texturas que hacen las delicias de cualquier fotógrafo que se precie. Pero este lugar, además de una mina de oro para nuestras cámaras, es un campo de pruebas del ejército americano. Esto lo complica todo y mucho. El acceso está controlado y aparte de cobrarte por entrar no te dejan pasar entre las 7 de la tarde y las 7 de la mañana, así que adiós a la fotografía nocturna, mi primera ilusión en este parque. Resulta que los días de luna llena hay una salida con los ranger del parque que te llevan de paseo, pero que alguien le explique a esta gente y al grupo que quieres hacer una foto de 15 minutos de exposición y que tienen que esperar… Estas cosas me ponen enfermo, no se pueden poner puertas al campo.

Cuando llegamos, venciendo a toda la probabilidad una vez más, estaba diluviando. Si, en el desierto… Decidimos ir a trabajar en el reportaje en vez de adentrarnos en el parque y esperar al día siguiente temprano por la mañana para acceder, solo teníamos un día y medio para estar en la zona y dejamos la última carta para la mañana siguiente, apostando por un bonito amanecer lleno de nubes. Se mascaba la tragedia.

A las 5:00 de la mañana sonó el despertador cargado de ilusión y dunas imaginarias y nos fuimos lanzados para estar los primeros, listos en cuanto levantaran la barrera. Cual fue nuestra sorpresa al ver que los ranger se retrasaban y retrasaban, y me gustaría haberme visto la cara cuando nos dijeron que esa mañana no se abriría el parque debido a las pruebas con misiles que se estaban realizando. Esa barrera con el cartel de prohibido el paso sería lo único del parque que íbamos a poder ver y con el amanecer y las nubes de tormenta que se estaban formando yo solo podía pensar en explotar ese centro de interpretación con sus propios misiles. Pero eso no puede ser, así que nos fuimos con nuestra rabia contenida viendo como se formaba esa tormenta por la mañana que debería haber sido el fondo de las dunas de arena blanca.

A pocas millas de allí se encuentran las llanuras de San Antonio y el Trinity Site, donde se hicieron las pruebas de la primera bomba atómica, la que luego se lanzaría contra Nagasaki. Como un recuerdo de ese momento, la tormenta empezó cuando pasábamos por allí, así que paramos el coche en medio de la carretera y nos preparamos para hacer las fotos. El viento venía de cara del sur, donde se desarrollaba toda la actividad eléctrica, así que no teníamos demasiado tiempo para disparar entes de que empezara a caer agua y la lluvia mojara el objetivo con ayuda del fuerte viento de cara. Eran en torno a las 10 de la mañana y ya había bastante luz, si queríamos hacer exposiciones de varios segundos para cazar los rayos tendríamos que utilizar algunos filtros o tirar a reflejo. Esta imagen está tomada con un portra Lucroit y un filtro degradado suave de dos puntos. Y aquí viene la píldora fotográfica. probé a poner un filtro neutro de 6 puntos, esperando ganar un poco de tiempo de exposición, pero como me temía con un filtro tan oscuro los rayos no se impresionan en el sensor, así que este truco no es válido, al menos en esta tormenta, que los rayos no eran demasiado espectaculares. Perdí un tiempo valioso con esta prueba, así que ahí os dejo mi experiencia, lo máximo que podemos poner para ganar algo de exposición es un polarizador, pero tampoco tiene mucho sentido, porque a partir de f11 casi no se aprecian los rayos en la foto. Así que durante el día nada de exposiciones muy largas, ¡suerte con vuestros reflejos!

Esta es la imagen que me pude llevar de este día lleno de rabia contenida. La verdad es que al final estoy contento y será mi recuerdo del parque que no pudimos ver, el recuerdo de que hay que volver.

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Miradas prestadas

Hubo un tiempo atrás que me obsesioné con el trabajo de Isabel Diez, no solo por la estética que conseguía sino porque sus imágenes hablaban por sí solas. Conseguía levantar el vello de mi cuerpo y su obra me devolvió la pasión en una etapa pajarera donde la colección de especies no me llevaba a ninguna parte.

Comencé a salir al campo en busca de las imágenes de Isabel, ese fascinante mundo de detalles y texturas. Me sentía cómodo e ilusionado fotografiándolas, pero al llegar a casa la cosa cambiaría. Las imágenes que iba obteniendo no me decían nada, iban una a una a la papelera del escritorio, como el escritor que rompe una y otra vez ese papel en blanco huérfano de sentimiento…

Nunca conseguí imitar la esencia que Isabel dejaba impregnada en sus obras, eran imágenes forzadas en busca de estética, nada más, pero cada fotografía debe tener más capas… No lograba descifrar porqué mis imágenes no tenían esa chispa, esa capa que emociona al espectador, pero esa pócima mágica no era tan fácil de encontrar…

Me fui olvidando poco a poco de Isabel y aunque no me gustaban los resultados que iba obteniendo, su mirada me ayudó a ver… no solo con los ojos…

Hubo una fotografía que marcó un antes y un después.

Una mañana decidí hacer el amanecer en una cala del Cabo de gata. La noche anterior hubo temporal y cuando llegué al lugar todo eran sensaciones. Seguro que muchos de vosotros habéis sentido alguna vez la sensación de intuir que lo que hay frente a vosotros tiene algo especial, que estáis viviendo un momento irrepetible, no solo por la luz, también por como recibís esos estímulos emocionales que muchas veces la naturaleza nos ofrece. La orilla de la cala se encontraba llena de algas, la fuerza de las olas habían provocado todo aquel cementerio vegetal, el lugar ofrecía mucha fuerza con el angular, pero mi mirada se quedó clavada en un paisaje minúsculo, delicado y expresivo. Una madeja de algas se encontraba atrapada en una roca, parecía haberse aferrado a la vida nuevamente para no acabar agonizando en la orilla con las demás.

Al menos eso fue lo que sentí aquella mañana en aquel lugar. Era una imagen que me recordaba al estilo de Isabel por su carga estética pero ésta imagen, si tenía esa otra capa emocional que por primera vez puse en una fotografía. Es para mí una fotografía sin fecha de caducidad.

Hay una frase que dice: “ siente y sentirán” y es que, después de realizar esta imagen si me quedó muy claro que la mirada, solo hay que cogerla prestada en esos momentos de aprendizaje e inspiración, pero que para crear y emocionar, tendremos que mirar con nuestros propios ojos.

atrapada entre mareas